Un viaje a través de los reinos de Zanskar y Ladakh

La exposición se podrá visitar del 22 de enero al 27 de marzo en nuestra oficina de Bilbao · C/ Gran Vía, 56.

Horario de visita: de lunes a viernes, de 10:00h a 19.30h.

Embarquémonos en un viaje cultural inmersivo por Zanskar y Ladakh, regiones del Himalaya indio donde la espiritualidad, la naturaleza y la comunidad aún conviven en armonía. Estos antiguos reinos, con una identidad cultural única, enfrentan hoy el desafío de preservar sus tradiciones en medio del cambio climático y la globalización. Las carreteras que los conectan nos conducen a formas de vida profundas, donde lo sagrado y lo cotidiano se entrelazan en cada rincón.

El saludo tibetano que da nombre a esta exposición, Julley, encarna la calidez de sus habitantes e invita al visitante a responder con la misma gentileza con la que es recibido.

1.El paisaje

En Ladakh y Zanskar, tierra de chortens, yaks, tundras, campos de cebada, inviernos rigurosos, oraciones al viento y paisajes lunares, el intenso calor de los rayos ultravioleta convive con la calidez humana y espiritual que impregna cada rincón de su territorio.

Los majestuosos paisajes de estas regiones, desiertos de gran altitud, son testimonio de una geografía imponente y única. Ladakh, cuyo nombre proviene del tibetano La-dvags (“tierra de los altos pasos”), forma hoy parte del Territorio de la Unión de Ladakh, dividido en los distritos de Leh, de mayoría budista, y Kargil, predominantemente musulmán.

Zanskar, conocido como “el país del cobre blanco”, deriva su nombre de Zangs-kar, término interpretado localmente como “valle de los glaciares”. Esta región, aún más remota y escarpada que Ladakh, es uno de los valles habitados más altos del mundo. Rodeado de montañas, cañones profundos y ríos nacidos del hielo, su paisaje comienza a transformarse: los glaciares, fuente vital de agua y memoria climática, se ven cada vez más afectados por el avance del cambio climático.

2.La geología

Estas remotas áreas tienen una geología muy especial, resultado del movimiento y los cambios dramáticos provocados por la colisión entre las placas india y euroasiática hace más de 50 millones de años, que dieron origen a algunas de las montañas más impresionantes del mundo.

Las rocas metamórficas presentes, como el gneis y los esquistos, moldean gran parte del paisaje. En ciertos rincones, además, se esconden estratos sedimentarios y antiguas formaciones volcánicas, lo que enriquece su geografía con una variedad y una sutileza fascinantes. Los pliegues de la corteza terrestre han dado forma a montañas y valles, como si la tierra misma hubiera sido arrugada por el tiempo.

Una curiosidad notable es la presencia de fósiles marinos incrustados en las alturas: huellas de antiguos fondos oceánicos que hoy se alzan a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, testigos silenciosos de un pasado geológico que desafía la imaginación.

3.Las personas

El aislamiento geográfico de estas zonas ha sido un factor crucial en la preservación de la identidad cultural de los pueblos ladakhi y zanskarianos. Como resultado, han desarrollado formas de vida basadas en la autogestión, la colaboración y un profundo vínculo con su entorno.

La coexistencia pacífica y la resolución no violenta de conflictos son pilares fundamentales de la escala humana de estas comunidades, lo que facilita la toma de decisiones espontáneas según el contexto. El bienestar individual no entra en conflicto con el colectivo: ayudar al otro es también ayudarse a uno mismo. La cooperación recíproca, en lugar de la competencia, configura una economía sinérgica y una sociedad cohesionada.

Este enfoque también se refleja en la crianza y la educación, que son colectivas y afectuosas. Los niños crecen rodeados de cuidados constantes, participan en las actividades diarias y asumen responsabilidades de manera natural. Al interactuar con personas de todas las edades, fortalecen los vínculos y fomentan una red de relaciones basada en el dar y recibir, donde la generosidad surge de forma espontánea.

4.Las mujeres

Las mujeres desempeñan un papel crucial en la vida social de Zanskar y Ladakh: mantienen el núcleo familiar, encabezan rituales espirituales y aseguran la atención intergeneracional. Su resiliencia e incansable capacidad de trabajo refuerzan la cohesión interna de estas comunidades, siendo el pilar silencioso sobre el que se sostiene la vida cotidiana.

Además de su rol social, son guardianas activas de una estética ancestral, desde la elaboración de vestimentas como el goncha, hasta el cuidado de trenzados, ornamentos rituales y prácticas corporales, que forman un lenguaje simbólico que transmite identidad, pertenencia y estatus, legándose de madres a hijas como parte del patrimonio vivo.

Sin embargo, las mujeres, especialmente las más jóvenes, deben equilibrar los valores tradicionales con las demandas modernas. El turismo, la educación formal y la globalización han comenzado a modificar sus roles. Mientras algunas se benefician de nuevas oportunidades, otras enfrentan el desafío de preservar las prácticas ancestrales en un mundo cambiante.

5.El aislamiento

Durante siglos, Zanskar ha vivido en un refugio de soledad, conectado únicamente a través de Kargil y accesible solo entre mayo y noviembre. Este paisaje extremo facilitó la creación de una comunidad autosuficiente, donde la cultura budista tibetana y la cohesión social han permanecido casi intactas.

Las técnicas agrícolas y ganaderas, ajustadas al entorno, abarcan la siembra de cebada, trigo y guisantes en balcones durante el deshielo estacional, y la crianza de yaks y ovejas para su sustento y recursos. La arquitectura autóctona, esculpida en piedra, barro y madera, no solo soporta los caprichos del tiempo, sino que se entrelaza con el entorno, como revelan las moradas y monasterios adosados a las majestuosas montañas.

Al igual que otras zonas remotas de Ladakh, Zanskar ha mantenido sus entrañas sociales y espirituales no por idealización, sino por una metamorfosis forzada al entorno. En la actualidad, el progreso de las infraestructuras y el turismo acortan la distancia, desatando oportunidades económicas, aunque también provocan discordias en el equilibrio cultural forjado a lo largo de los siglos.

6.Las carreteras

Ladakh, antiguo cruce entre India y Asia Central, formaba parte de una red comercial clave donde se intercambiaban seda, especias, piedras preciosas, lana y té. Durante siglos, caravanas cruzaron sus valles y pasos enfrentando alturas extremas y terrenos escarpados.

Por su parte, Zanskar permanecía aislado durante los duros inviernos, y la principal forma de salir era atravesando el río Zanskar, un recorrido peligroso donde las corrientes congeladas se convertían en el único paso para quienes necesitaban cruzar la región. En este escenario, los monasterios budistas dispersos a lo largo de la geografía brindaban refugio, sustento y consuelo espiritual, además de ser centros de intercambio cultural.

En 1974, el gobierno indio permitió la entrada de visitantes extranjeros, lo que impulsó la construcción de rutas por la Border Roads Organization (BRO). Esta infraestructura conectó estas regiones con el resto del país y dio inicio a una transformación cultural y económica. A la vez, la mejora en la conectividad permitió reforzar la presencia militar india, ya establecida debido a las disputadas fronteras con Pakistán y China.

7.Los festivales

Los festivales budistas de Ladakh y Zanskar son eventos espirituales y culturales destacados, centrados en las danzas rituales de cham, un elemento esencial de la cultura tibeto-himalayana. En estas coreografías, los monjes narran relatos sobre divinidades y símbolos budistas, usando máscaras y trajes llenos de símbolos para reforzar el carácter sagrado de las representaciones.

Miles de peregrinos se congregan en los monasterios durante los festivales, viajando grandes distancias. Aunque los simbolismos de las danzas pueden ser complejos, la experiencia transmite una «energía» espiritual que acerca a los participantes a los principios budistas. Más allá de los misterios de la fe, las coreografías funcionan como una herramienta de enseñanza espiritual mediante el lenguaje corporal.

Además de su valor religioso, los festivales refuerzan los lazos comunitarios, fomentan la cohesión social y preservan las tradiciones culturales.

8.El budismo

En las tierras altas del Himalaya indio, el budismo tibetano, una rama del Mahayana expresada a través del Vajrayana, se desarrolló integrando enseñanzas tibetanas con elementos de tradiciones locales, incluida la espiritualidad prebudista del Bon. Aunque originalmente distintas, ambas tradiciones se influyeron mutuamente, especialmente en sus prácticas rituales, contribuyendo a la forma en que se conoce esta tradición hoy.

Esta tradición espiritual impregna todos los aspectos sociales, desde las oraciones cotidianas hasta los festivales, y se entrelaza con la música, la cultura y la agricultura, creando una estrecha relación entre lo espiritual y lo material. Los monasterios desempeñan un papel central, no solo como centros religiosos, sino también como motores económicos y culturales, manteniendo un vínculo activo con las comunidades locales.

Esta espiritualidad se refleja en la forma de pensar de sus gentes, quienes asumen de manera natural la impermanencia de la vida y el valor del desapego. Experimentan el mundo a través de lo que llaman semba, entendido como una fusión entre “corazón” y “mente”, que expresa la convicción budista de que la sabiduría y la compasión, pilares del budismo tibetano que orientan la vida diaria, son inseparables.

Sobre Sandra Morante

Nacida cerca de Barcelona y enamorada de Asia, dedico todo el tiempo que puedo a retratar al ser humano en su vida cotidiana y su vínculo con el entorno. La fotografía me acerca a lo desconocido con una familiaridad inesperada y alimenta mi curiosidad por la diversidad humana. Fue en los valles de Ladakh, Zanskar y el Himalaya indio donde encontré un segundo hogar, que dejó una huella imborrable en mi forma de entender y sentir el mundo.

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